Los efectos neurológicos de la privación del sueño.
Es común hoy en día postergar la hora a la que nos vamos a dormir, ya sea para ver solo “un episodio más” de una serie o para empezar a estudiar para el examen de mañana. Pero ¿qué ocurre dentro de nuestra cabeza cuando llevamos a cabo este tipo de rutinas?
En el siguiente artículo se abordará desde una perspectiva neurológica cómo la nueva demanda social y el cúmulo de trabajo, o simplemente el hábito de la procrastinación, contribuyen a la creación de nuevas rutinas, cuya implementación o seguimiento puede conllevar una falta de sueño y dar lugar a consecuencias negativas. La privación del sueño, cada vez más frecuente por necesidades de adaptación, ha sido objeto de estudio debido a sus grandes impactos, especialmente en el ámbito neurológico.
¿Qué es el sueño?
El sueño es una actividad cíclica regulada por sustancias bioquímicas, principalmente de estructuras hipotalámicas y mesopontinas, que modulan la corteza cerebral y el tálamo, y pueden ser afectadas por estímulos tanto intracorpóreos como extracorpóreos.
Estímulos intracorpóreos:
- Adenosina, que es el neurotransmisor encargado de reducir la actividad neuronal e inducir al sueño.
- Los ritmos circadianos, son regulados por el núcleo supraquiasmático (NSQ), y sincronizan el ciclo sueño-vigilia con el ambiente.
- Neurotransmisores como GABA y serotonina, esto son muy importantes en la iniciación del sueño, mientras que las orexinas favorecen la vigilia; su deficiencia se asocia con la narcolepsia (trastorno de somnolencia constante).
Estímulos extracorpóreos:
- Los factores ambientales, como la luz, que inhibe la melatonina y retrasa el sueño.
- La temperatura, que afecta la termorregulación y la continuidad del sueño.
Fases del sueño
Sueño No REM (NREM)
Durante la fase No REM se llevan a cabo principalmente procesos de restauración neuronal, consolidación de la memoria y regulación metabólica.
Fase 1 - Sueño ligero
Durante esta etapa, disminuye la actividad del sistema reticular activador ascendente (SRAA), así como la liberación de acetilcolina y noradrenalina, lo que da lugar a la transición del sueño. Destaca por la reducción de la actividad cortical y de la excitabilidad neuronal.
Fase 2 - Relajación y descenso de temperatura
El tálamo participa activamente en la inhibición de estímulos sensoriales externos. Asimismo, se regula el sistema autónomo, disminuyendo el gasto energético y la frecuencia cardíaca.
Fase 3 - Sueño profundo y reparador
Se observa una actividad neuronal sincronizada en la corteza cerebral y una predominancia de ondas delta, las de menor frecuencia, relacionadas con la activación del sistema glinfático, responsable de la eliminación de toxinas del cerebro. Se produce una reducción en la actividad simpática y un aumento del tono parasimpático, favoreciendo la estabilidad cardiovascular y metabólica.
Sueño REM (Movimiento Ocular Rápido)
Destaca por la intensa actividad cortical, similar al estado de vigilia, con predominio de ondas beta y theta. Además, hay un aumento en la actividad del sistema colinérgico, que utiliza la acetilcolina (ACh) como neurotransmisor principal, facilitando la formación de conexiones neuronales y la consolidación de la memoria emocional y procedimental.
Estudios han demostrado que la privación del sueño REM afecta el equilibrio emocional, intensificando la activación de la amígdala, estructura clave del sistema límbico, cuya implicación en el procesamiento de emociones incrementa las respuestas al estrés y la ansiedad.
Importancia del sueño en el cerebro
Basándonos en lo previamente mencionado, se observa que el sueño, en sus distintas fases, lleva a cabo procesos de vital importancia para el correcto desarrollo cerebral. Entre ellos encontramos:
- Se consolida la memoria declarativa (aquella relacionada con los hechos y conceptos).
- Se fortalece la memoria procedimental y el procesamiento emocional.
- La corteza prefrontal, hipocampo y tálamo → Transfieren la información a la memoria a largo plazo.
- Se activan circuitos emocionales, ayudando a regular miedo y ansiedad.
- Ocurre una activación de la amígdala, aumentando respuestas emocionales y riesgo de ansiedad y depresión.
- La contracción de las células cerebrales facilita la limpieza con líquido cefalorraquídeo (LCR).
- La eliminación de proteínas neurotóxicas (ej. beta-amiloide) → Prevención de Alzheimer.
¿Qué sucede en el cerebro cuando no dormimos lo suficiente?
Impacto en la cognición
La falta de sueño influye en la capacidad de almacenar y recuperar recuerdos debido a la alteración en el funcionamiento del hipocampo, una estructura cerebral crucial para la consolidación de la memoria. También provoca un retraso en la velocidad con la que procesamos estímulos y resolvemos problemas, ya que la fatiga mental debilita las conexiones sinápticas, reduciendo nuestra capacidad para reaccionar ante nuevas situaciones.
Estudios han demostrado que las personas privadas de sueño tienen más dificultades para aprender nuevas tareas y tomar decisiones informadas debido a una disminución en la actividad de la corteza prefrontal, que se encarga de los procesos cognitivos que permiten planificar, tomar decisiones, resolver problemas, controlar los impulsos y adaptarse a situaciones cambiantes.
Cambios en la neuroquímica cerebral
La privación del sueño provoca una alteración de los neurotransmisores, ya que modifica los niveles de dopamina, serotonina y glutamato, lo que influye directamente en la motivación, el estado de ánimo y la plasticidad sináptica (la capacidad de las conexiones neuronales), dificultando el aprendizaje y la regulación emocional.
También se sabe que el sueño insuficiente provoca la hiperproducción de cortisol, la hormona del estrés, lo que aumenta la inflamación y el estrés oxidativo. Este daño a nivel celular puede causar degeneración neuronal y afectar la memoria y la cognición.
Daño a largo plazo y riesgo de enfermedades neurológicas
El sueño insuficiente o interrumpido a lo largo del tiempo está asociado con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, debido a la alteración de los procesos de limpieza neuronal. Específicamente, la acumulación de β-amiloide, una proteína que se acumula durante el día y debería ser drenada por el sistema glinfático durante el sueño, se incrementa debido a la disfunción de este sistema, encargado de eliminar desechos celulares y proteínas tóxicas del cerebro.
La privación crónica de sueño también está asociada con el desarrollo de trastornos como la depresión y la psicosis, como resultado de los cambios en la actividad de neurotransmisores y la función del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA).
En conclusión…
La falta de sueño es una epidemia global y es preocupante el grado de normalización frente a su prevalencia. Dadas las consecuencias que comporta la falta de sueño sobre el cerebro, siendo estas tanto cognitivas como emocionales, no solo a corto plazo, sino también a largo plazo, es crucial cambiar nuestra percepción del sueño. No debemos verlo como una actividad secundaria, pues es la base que permite el funcionamiento correcto del organismo. Si no permitimos que el cerebro recupere y renueve su capacidad funcional durante el sueño, ¿cómo podemos confiar en el rendimiento adecuado de los sistemas corporales interdependientes?
Bonus Point.
Si has leído el artículo y quieres saber e indagar aún más sobre el tema, te recomiendo que eches un vistazo a la presentación de Nora Volkov, una neurocientífica conocida principalmente por su investigación sobre la dopamina y su papel en las adicciones, en la que vincula su especialidad al sueño.
The Sleep-Deprived Human Brain | Nora Volkow || Radcliffe Institute
Bibliografía
Eugene, A. R., & Masiak, J. (2015). The Neuroprotective Aspects of Sleep. MEDtube Science, 3(1), 35.